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Amazonas: mis primeros días en una comunidad indígena

Amazonas: mis primeros días en una comunidad indígena

Ya lo venía pensando. Y un día me tomé un avión, otro avión, un tuc tuc, un bote y arribé a la comunidad indígena El Progreso, ubicada sobre el Río Amazonas, en Colombia, una triple frontera con Brasil y Perú. Fue en enero del 2024, era invierno, hacía calor y transcurría la temporada de lluvias, donde se puede navegar sin problemas por el río y sus quebradas. 

Me bajé, ya de botas y una capa, y al primer lugar que entré fue a lo de Panchito. Panchito es uno de los pobladores de mayor edad de la comunidad, vive con su esposa, hijos, nietos y cualquier persona que pase es bienvenida para estar un rato, comer o dormir. Este modo de vida se estila en todas las casas con naturalidad.

Sobre el río hay muchísimas comunidades y cada una tiene su lengua, diferente a las demás. La de El Progreso se llama Ticuna, igual que sus habitantes: los Ticuna. Hablan su idioma, y español.

Tiene alrededor de 40 casas y 400 personas; comprendidas entre el río, sus quebradas y la selva. El terreno es ondulado, las viviendas son de madera y en general están construidas sobre pilotes, también de madera. Ninguna tiene cerco a su alrededor y tampoco vidrios en las ventanas porque no los necesitan, siempre hace calor.  No hay autos, ni motos, ni bicicletas, se mueven caminando y en pequeñas embarcaciones.

La comunidad cuenta con un bote, que dos veces por semana va a Leticia, capital del departamento de Amazonas, oportunidad en la que llevan sus productos para vender - plátano, yuca y frutos de la época - y compran elementos básicos. Sale en la madrugada, cuando aún es de noche, y regresa al atardecer. Son 3 horas de viaje de ida y 3 horas de viaje de vuelta; lo hice algunas veces y fue agotador.

La percepción del tiempo allí tiene otro ritmo. Un hecho interesante es que a las 4 de la tarde un vecino prende un motor y se enciende la luz eléctrica en toda la comunidad, y a las 10 de la noche lo apaga. En ese horario se escucha música provenir de varias casas: cumbia colombiana, mexicana y peruana; y a las 10 se hace el silencio y la oscuridad, de repente.

Las personas en la comunidad son muy amables, trabajadoras, atentas y sobre todo, me cuidaron mucho.